His­to­ria de la Astrobiología

Por Irma Lozada Chávez

Los primeros años de la Astro­bi­ología fueron muy fruc­tíferos, sobre todo en los estu­dios rela­ciona­dos con la recreación o sim­u­lación de ambi­entes prim­i­tivos ter­restres en el lab­o­ra­to­rio y con la sín­te­sis de com­puestos orgáni­cos esen­ciales para la vida. El ejem­plo clásico de este tipo de exper­i­men­tos es el real­izado por Stan­ley L. Miller acerca de la sín­te­sis de aminoá­ci­dos en condi­ciones pre­bióti­cas, es decir, en condi­ciones sim­i­lares a las que se creé que prevalecieron en la Tierra antes del surgimiento de la vida.

Para 1997, la Admin­is­tración Nacional de Aeronáu­tica y del Espa­cio (NASA) de los Esta­dos Unidos de América decide for­malizar los estu­dios en Astro­bi­ología con­cen­trán­do­los en un Insti­tuto. Esto facil­i­taría el inter­cam­bio de ideas, prop­ues­tas y resul­ta­dos, apo­yaríà la gestión de recur­sos económi­cos para apo­yar esas inves­ti­ga­ciones y sobre todo per­mi­tiría eval­uar el fun­cionamiento de un Insti­tuto de Inves­ti­gación enlazado a través de las nuevas tec­nologías en comu­ni­ca­ciones per­mi­tién­dole a los cien­tí­fi­cos desar­rol­lar su tra­bajo sin tener que pre­ocu­parse por las bar­reras dis­ci­pli­nar­ias, geográ­fi­cas o de tiempo.

El 19 de mayo de 1998 surge el Insti­tuto de Astro­bi­ología de la NASA iden­ti­fi­cado como NAI por sus siglas en inglés y desde entonces ha per­manecido como el organ­ismo inter­na­cional encar­gado de pro­mover, con­ducir y encabezar la inves­ti­gación en Astro­bi­ología y la for­ma­ción de jóvenes inves­ti­gadores en esta área medi­ante pro­gra­mas de inves­ti­gación básica, gen­eración de nuevas misiones espa­ciales y desar­rollo de tec­nología avan­zada enfo­cada hacia la explo­ración espacial.

En el año 2005, la Agen­cia Espa­cial Euro­pea, cono­cida como ESA por sus siglas en inglés, ini­ció un pro­grama de explo­ración espa­cial denom­i­nado Visión Cós­mica encam­i­nado a lograr una mejor com­pren­sión del Uni­verso, de las leyes físi­cas y quími­cas que lo rigen y de los mis­te­rios que lo envuel­ven. El pro­grama se apoya en las misiones espa­ciales que esta Agen­cia dirige así como en la planeación y puesta en mar­cha de muchas misiones más. Podría decirse que es el equiv­a­lente del pro­grama NAI, pero desar­rol­lado en Europa, y debe de enten­derse como parte de los esfuer­zos que la humanidad ha deci­dido inver­tir en el ámbito de la explo­ración del Universo.