¿Quiénes par­tic­i­pan en la Astro­bi­ología Mexicana?

Por Irma Lozada Chávez.

Como parte de las líneas de inves­ti­gación nacional que cul­ti­van los astro­biól­o­gos, cien­tí­fi­cos de muchas espe­cial­i­dades, se estu­dian todos los aspec­tos rela­ciona­dos con la vida. Los astrofísi­cos anal­izan los pro­ce­sos en el inte­rior de las estrel­las donde se pro­ducen los ele­men­tos quími­cos bási­cos de la vida, estu­dian los pro­ce­sos que dan ori­gen a los plan­e­tas y las posi­bles con­fig­u­ra­ciones de los sis­temas plan­e­tar­ios alrede­dor de otras estrel­las. Las téc­ni­cas desar­rol­ladas por la astrofísica han per­mi­tido iden­ti­ficar más de 300 plan­e­tas extra­so­lares y plan­ear nuevos instru­men­tos para iden­ti­ficar plan­e­tas cada vez más pequeños. Even­tual­mente estás téc­ni­cas nos per­mi­tirán deter­mi­nar las car­ac­terís­ti­cas físi­cas y quími­cas de estos mun­dos de man­era que podamos iden­ti­ficar aque­l­los que son poten­cial­mente hab­it­a­bles. Las explo­raciones de los mun­dos del Sis­tema Solar nos dan razones para sospechar que la vida pudo exi­s­tir en plan­e­tas como Marte y Venus, y en los satélites Titán y Ence­lado del plan­eta Sat­urno y Europa y Ganímedes del plan­eta Júpiter.

Los biól­o­gos inves­ti­gan las reglas evo­lu­ti­vas y la genética que gob­ierna el mundo viviente actual para aplicar ese conocimiento a otros esce­nar­ios dis­tin­tos à la Tierra. Los seres vivos dejan en las atmós­feras de los plan­e­tas que habi­tan huel­las (como nue­stro oxígeno) que pueden delatar la vida.

Cli­matól­o­gos, geól­o­gos y oceanó­grafos estu­dian la forma en que la atmós­fera, los océanos y la Tierra se rela­cio­nan y el papel que jue­gan los seres vivos en estas inter­ac­ciones, que per­miten un clima que, aunque inestable, siem­pre ha sido apto para la vida. Los geól­o­gos inves­ti­gan tam­bién el papel de los pro­ce­sos que dan lugar a los vol­canes, gen­eran la deriva de los con­ti­nentes y las defor­ma­ciones de la corteza ter­restre (como la for­ma­ción de cordilleras), todos ellos rela­ciona­dos de una u otra forma con el ori­gen y la evolu­ción de la atmós­fera y, por lo tanto, con la vida. Los plan­etól­o­gos, a man­era de geól­o­gos extrater­restres, usan estos conocimien­tos para recon­struir la his­to­ria de otros cuer­pos plan­e­tar­ios. Los pale­on­tól­o­gos y los biól­o­gos estu­dian la his­to­ria fósil de la vida y tratan de com­pren­der qué tipos de ambi­entes plan­e­tar­ios per­miten la apari­ción de vida: por ejem­plo, hasta qué punto el surgimiento de la vida es com­pat­i­ble con los impactos de aster­oides y cometas que quizás son fre­cuentes en las épocas ini­ciales de la for­ma­ción de los sis­temas de plan­e­tas; inten­tan com­pren­der asimismo la apari­ción de organ­is­mos más complejos.

Los físi­cos abor­dan el estu­dio de los seres vivos medi­ante la cien­cia de la com­ple­ji­dad, el con­cepto del caos y el análi­sis de las rela­ciones matemáti­cas que exis­ten entre lo vivo y lo inan­i­mado. Los matemáti­cos, bio­quími­cos y exper­tos en evolu­ción real­izan sim­u­la­ciones infor­máti­cas y exper­i­men­tales de las molécu­las vivas que pudieron sur­gir en un ambi­ente prim­i­tivo e inten­tan repro­ducir en el lab­o­ra­to­rio las condi­ciones y los pro­ce­sos que desem­bo­caron en la apari­ción de vida. Final­mente, los inge­nieros inte­gran los conocimien­tos y desar­rol­los de los cien­tí­fi­cos en instru­men­tos y misiones espa­ciales que sir­ven para recabar datos que reafir­man nue­stro conocimiento.